El idioma de gratitud


El que no aprende el idioma de la gratitud, no podrá dialogar con felicidad.

La felicidad empieza cuando uno deja de lamentarse por los problemas que tiene, y agradece por los problemas que no tiene.

Un día tormentoso, un feligrés se puso a pensar: “No creo que el pastor tenga nada que agradecer a Dios en un día como éste”. Pero Whyte empezó su oración de la siguiente manera: “Te damos gracias, Señor, que no todos los días son como éste.”

Estoy muy agradecido porque, primero, nunca me habían robado antes; segundo, porque a pesar de que se llevaron mi cartera, me dejaron con vida; tercero, porque aún cuando se lo llevaron todo, no tenía mucho; y cuarto, porque me robaron a mí y no fui yo quien robó.

“He aprendido a contentarme cualquiera que sea mi situación”. Esta frase no significaría tanto si no hubiese sido dicha por un hombre que fue tratado injustamente, encarcelado sin razón y que, finalmente , murió a manos del verdugo: ¡El apostol San Pablo!

Muy pocas cosas son aburridas en sí mismas. Somos nosotros que, con el correr de los años, dejamos de apreciarlas como se debe.

El que está agradecido por lo poco, disfruta mucho.

La mejor evidencia de qué clase de personas somos es nuestra capacidad para expresar gratitud.