Estrategias de gestión de relaciones


– Ser abiertos y curiosos: 

Algunos lectores se preguntarán:
“¿Tengo que ser abierto y curioso en la oficina? ¿No basta con que me dedique al proyecto?”.
No, no basta. Parte de nuestro trabajo es establecer, desarrollar y mantener relaciones.
Esto es lo que nos permite ser exitosos.

– Mejorar nuestro estilo comunicacional: 

¿Somos directos, indirectos, serios, discretos, intensos, curiosos, etc.?
Los demás experimentan constantemente nuestro estilo comunicacional, es importante que lo depuremos.

– No dar señales ambiguas: 

Nuestros sentimientos se expresan a través de nuestro lenguaje corporal.
Por tanto, felicitar a alguien sin poner cara de felicidad es una señal ambigua.
Esto puede frustrar y confundir a los demás.
Debemos aprender a expresar bien las emociones que estamos sintiendo.

– Recordar las palabras “mágicas”: 

Estamos viviendo en una época en la que cada vez expresamos menos nuestro agradecimiento y nuestro aprecio por los demás.
Es importante que nos habituemos a decir “gracias”, “por favor” y “lo siento” en los momentos en que sea adecuado y de forma correcta.

– Asumir las críticas de manera positiva: 

Quizá no haya otra tarea más difícil que esta.
Pero es importante que tomemos en cuenta la opinión de los demás y la pongamos en práctica.
Esta es una buena manera de afianzar nuestras relaciones.

– Generar confianza: 

Con comunicaciones directas y un comportamiento coherente, entre otras.
La confianza es fundamental para afianzar nuestras relaciones.

– Contar con una política de “puertas abiertas”: 

Permitir que todos los empleados tengan acceso a cualquier otro empleado independientemente de su nivel.
Esto permitirá mejorar las relaciones en toda la organización.

– Enojarnos a propósito: 

Enojarnos es fácil, pero debemos aprender a enojarnos con la persona adecuada, a un nivel adecuado, en el momento adecuado, por la razón adecuada y de la manera adecuada.
Si expresamos nuestro enojo de la manera adecuada, lograremos expresar la gravedad de la situación sin dañar las relaciones y sin lastimar.
Lograremos el producir el efecto que deseamos.

– No tratar de evitar lo inevitable: 

Marge y usted trabajan en el mismo departamento, pero usted no soporta a Marge.
Y, para colmo, los acaban de poner a los dos al mando de un proyecto.
¿Qué hacer? Aceptar la situación y aplicar las estrategias de inteligencia emocional para seguir adelante.

– Reconocer los sentimientos de los demás: 

Todos tenemos el derecho de experimentar emociones.
Por tanto, cualquier gesto de ayuda podamos hacer a una persona que no se encuentra bien, afianzará nuestra relación.

– Complementar las emociones o la situación de la persona:

No significa actuar de la misma manera que el, sino responder de forma que demostremos nuestro interés en lo que siente.

– Demostrar nuestro interés: 

Siempre estamos rodeados de personas que hacen un gran trabajo.
Y es importante que les demostremos nuestro interés inmediatamente, no la semana entrante.
Basta con una tarjeta de agradecimiento, unas palabras o algo por el estilo.

– No sólo llevarlas a cabo sino también explicar nuestras decisiones: 

En vez de hacer cambios y esperar que los demás los acepten, debemos explicar por qué son necesarios dichos cambios.
Si podemos pedir consejo y opinión de antemano, mucho mejor.
La gente apreciará esta transparencia aunque los cambios tengan repercusiones negativas.

– Nuestra retroalimentación debe ser directa y constructiva: 

Requiere que apliquemos tres tipos de habilidades de la IE:
* Autoconciencia: para identificar lo que sentimos hacia la retroalimentación. ¿Nos sentimos cómodos con el proceso?
* Autogestión: para saber lo que haremos con la información que obtuvimos en el paso anterior.
* Conciencia social: para pensar en la persona que recibirá el consejo.

– A tal intención tal repercusiones: 

De nada sirve bromear sobre una situación grave si las consecuencias de tal acto serán desastrosas.
Es preciso que las repercusiones de nuestros actos sean cónsonas con la intención detrás de las mismas.

– Ofrecer una afirmación de consuelo cuando la conversación se trunque: 

A veces las conversaciones le dan el paso a los desacuerdos.
En estos casos, es importante que digamos algo como “¡Qué situación tan difícil!”.
Las afirmaciones de consuelo son neutras y sirven de apoyo a ambas partes.

– Enfrentar una conversación difícil:

* Buscar puntos de acuerdo.
* Tratar de entender la versión de la otra persona.
* Evitar la urgencia de planificar un “regreso” o apurar una despedida.
* Tratar de que la otra persona también entienda nuestra versión.
* Buscar de nuevo puntos de acuerdo que permitan terminar la conversación.
* Hacerle seguimiento a la situación.