Se inteligente


No leas ni veas la nota roja y menos la difundas, si conoces personalmente una historia de crimen, no la comentes a menos que estés dispuesto a denunciarla; de otra manera te convertirás en cómplice por omisión. Aléjate del escándalo, ya todos conocemos muchas historias criminales, nada aportas a tus amigos, familiares y sociedad, divulgándola a menos que con ello logres un consejo útil que ayude a evitar ser una posible víctima. Estudia, edúcate, lee y aprende.

El arte de aprender


El arte de aprender, cómo prolongar la vida…

A los 9 años aprendí que mi profesora sólo me preguntaba cuando yo no sabía la respuesta.
A los 13 aprendí que cuando mi cuarto quedaba del modo que yo quería, mi mamá me mandaba a ordenarlo.
A los 15, aprendí que no debía descargar mis frustraciones en mi hermano menor. Porque las frustraciones de mi papá eran mayores y su mano más pesada.
A los 25 aprendí que nunca debía elogiar la comida de mamá cuando estaba comiendo algo preparado por mi esposa.
A los 27 aprendí que el título obtenido no era la meta soñada.
A los 30, aprendí que cuando mi esposa y yo teníamos una noche sin los niños, pasábamos la mayor parte del tiempo hablando de ellos.
A los 34, aprendí que no se cometen muchos errores con la boca cerrada.
A los 38 aprendí que siempre que estoy viajando, quisiera estar en casa; y siempre que estoy en casa me gustaría estar viajando.
A los 44, aprendí que puedes hacer a alguien disfrutar el día con sólo enviarle un mensaje.
A los 47, aprendí que niños y abuelos son aliados naturales.
A los 55, aprendí que es absolutamente imposible tomar vacaciones sin engordar cinco kilos.
A los 63, aprendí que es razonable disfrutar del éxito, pero que no se debe confiar demasiado en él. Y que no puedo cambiar lo que pasó, pero puedo dejarlo atrás.
A los 64, aprendí que la mayoría de las cosas por las cuales me he preocupado nunca sucederán.
A los 67 aprendí que si esperas a jubilarte para disfrutar de la vida, esperaste demasiado tiempo.
A los 72, aprendí que si las cosas van mal, yo no tengo por qué ir con ellas.
A los 76, aprendí que envejecer es importante.
A los 91, aprendí que amé menos de lo que hubiera debido.
A los 92 aprendí que todavía tengo mucho para aprender.

Siempre estamos aprendiendo algo nuevo, que si bien todos tenemos distintas cualidades, capacidades y habilidades, sepamos valorar las que tenemos y podamos ofrecerlas a los demás, y disfrutar con las que otros nos pueden brindar.
Realmente no tiene mucha importancia hasta qué edad vivimos. Lo importante es sentir que no lo hemos hecho en vano.

La Paz mundial


Hoy, todo mundo habla de la importancia de la paz y se desea la paz, pero pocos realmente trabajan por hacerla realidad. El fundamento de la verdadera paz inicia en un respeto absoluto por la dignidad del ser humano, por eso es necesario que cada persona sea educada para que conozca y aprecie su valor como persona, de tal modo que empiece por respetarse a sí misma y a tener un actuar verdaderamente humano.

Lic. Alfredo Pallares

Educador sinaloense, Doctor Honoris Causa de la Organización de las Américas para la Excelencia Académica.

Sr. Winston Churchill


Primer Ministro de Inglaterra. Premio Nobel de Literatura 1953.

“Un fanático es alguien que no puede cambiar de opinión y no quiere cambiar de tema.”

“La falla de nuestra época consiste en que sus  hombres no quieren ser útiles sino importantes”.

“Las actitudes son más importantes que las aptitudes”.

“Tu creas tu propio universo durante el camino”

“Un optimista ve una oportunidad en toda calamidad; un pesimista ve una calamidad en toda oportunidad”.

“Valor es lo que se necesita para levantarse y hablar; pero también es lo que se requiere para sentarse y escuchar”.

“Pasé más de la mitad de mi vida preocupándome por cosas que jamás iban a ocurrir”.

“El éxito es aprender a ir de fracaso en fracaso sin desesperarse”.

“Personalmente siempre estoy dispuesto a aprender, aunque no siempre me gusta que me den lecciones”.

 

Cuando Churchill cumplió 80 años un periodista menor de 30 fue a fotografiarlo y le dijo:- Sir Winston, espero fotografiarlo nuevamente cuando usted cumpla 90 años.

Churchill respondió:

¿Por qué no? ¡Ud. parece bastante saludable!

 

Shaw: “Estimado Winston Churchil y muy digno primer ministro: Tengo el honor de  invitarlo al estreno de mi obra Pigmalión. Venga y traiga un amigo… si lo tiene”.

Firmado  Bernard Shaw.

Respuesta: “Agradezco al ilustre escritor la honrosa invitación. Infelizmente no podré concurrir a la primera presentación. Iré a la segunda… si la hay”.

Firmado  Winston Churchill.

 

Sucedió en el Parlamento inglés. Fue durante uno de los discursos de Churchill en el que una diputada de la oposición, pidió la palabra.

Todos sabían que a Churchill no le gustaba que interrumpiesen sus discursos. Pero la palabra le fue dada a la diputada y ella dijo en tono alto y claro:

Sr. Ministro, si Vuestra Excelencia fuese mi marido, yo pondría veneno en su café!’

Churchill, con mucha calma, se quitó los lentes, y en aquel silencio en el que todos estaban esperando la respuesta exclamó:

¡Y si yo fuese su marido, me tomaba ese café!

Aprendí


De una forma positiva, aprendí que no importa lo que suceda, o  lo ruín que parezca el día de hoy, la vida continúa, y el mañana será mejor.

Aprendí que se puede conocer bien a una persona, por la  forma en que reacciona ante tres cosas:

Un día lluvioso, un equipaje perdido y las luces de un árbol de Navidad.

Aprendí que, no importa el tipo de relación que tengas con tus padres, sentirás su falta cuando ellos no estén.

Aprendí que la vida, a veces, nos da una segunda oportunidad.

Aprendí que si buscas la felicidad, te ilusionas; pero, si centras la atención en la  familia, en los amigos, en las necesidades de los demás, en el trabajo y en  intentar hacer lo mejor, la felicidad te encontrará.

Aprendí que siempre que decido algo con el corazón abierto, generalmente acierto.

Aprendí que cuando siento dolor, no necesito  ser un dolor para los demás.

Aprendí que diariamente necesito tocar a alguien.

A las personas les gusta un toque humano, sentir una mano amiga, recibir un abrazo afectuoso, o simplemente una palmada amistosa en la espalda.

Aprendí que aún tengo mucho que aprender.

Las personas se olvidarán de lo que dijiste…

Olvidarán lo que hiciste….

Pero  nunca olvidarán cómo las trataste.

Entrevista a Rita Levi-Montalcini – Neuróloga, PREMIO NOBEL DE MEDICINA


– ¿Cómo celebrará sus 100 años?

Ah, no sé si viviré, y además no me placen las celebraciones. ¡Lo que me interesa y me da placer es lo que hago cada día!

– ¿Y qué hace?

Trabajo para becar a niñas africanas para que estudien y prosperen ellas y sus países. Y sigo investigando, sigo  pensando…

– ¿No se jubila?

¡Jamás! ¡La jubilación está destruyendo cerebros! Mucha gente se jubila, y se abandona… Y eso mata su cerebro. Y enferma.

– ¿Y cómo anda su cerebro?

¡Igual que a mis 20 años! No noto diferencia en ilusiones ni en capacidad*. Mañana vuelo a un congreso médico…

– Pero algún límite genético habrá…

No. Mi cerebro pronto tendrá un siglo…, pero no conoce la senilidad. El cuerpo se me arruga, ¡pero no el  cerebro!

– ¿Cómo lo hace?

Gozamos de gran plasticidad neuronal: aunque mueran neuronas, las restantes se reorganizan para mantener las mismas funciones, ¡pero para ello se requiere estimularlas!

– Ayúdeme a hacerlo.

Mantén tu cerebro ilusionado, activo, hazlo funcionar, y nunca se degenerará.

– ¿Y viviré más años?

Vivirá mejor los años que viva, que eso es lo interesante. La clave es mantener curiosidades, empeños, tener pasiones…

– La suya fue la investigación científica…

Sí, y sigue siéndolo.

– Descubrió cómo crecen y se renuevan las células del sistema nervioso…

Sí, en 1942: lo llamé Nerve Growth Factor (NGF, Factor de Crecimiento Nervioso), y durante casi medio siglo estuvo en entredicho, ¡hasta que se reconoció su validez y en 1986 me dieron por ello el premio Nobel!

– ¿Cómo fue que una chica italiana de los años veinte se convirtió en neurocientífica?

Desde niña tuve el empeño de estudiar. Mi padre quería casarme, que fuese buena esposa, buena madre… Y yo me negué. Me planté y le confesé que quería estudiar…

– Qué disgusto para papá, ¿no?

Sí. Pero es que yo no tenía una infancia feliz: me sentía patito feo, tonta y poca cosa… Mis hermanos mayores eran muy brillantes, y yo me sentía inferior…

– Veo que convirtió eso en un estímulo…

Me estimuló también el ejemplo del médico Albert Schweitzer, que estaba en África para paliar la lepra. Deseé ayudar a  los que sufren, ¡ése era mi gran sueño…!

– Y lo ha hecho…, con su ciencia.

Y, hoy, ayudando a niñas de África para que estudien. Luchamos contra la enfermedad, sí, ¡pero todo mejorará si acaba la opresión de la mujer en esos países…!

– ¿Existen diferencias entre el cerebro del hombre y el de la mujer?

Sólo en las funciones cerebrales relacionadas con las emociones, vinculadas al sistema endocrino. Pero en cuanto a las funciones cognitivas, no hay diferencia alguna.

– ¿Por qué todavía hay pocas científicas?

¡No es así! ¡Muchos hallazgos científicos atribuidos a hombres los hicieron en verdad sus hermanas, esposas e hijas!

– ¿De veras?

No se admitía la inteligencia femenina, y la dejaban en la sombra. Hoy, felizmente, hay más mujeres que hombres en la investigación científica: ¡las herederas de Hipatia!

– La sabia alejandrina del siglo IV…

Ya no acabaremos asesinadas en la calle, como ella. Desde luego, el mundo ha mejorado algo…

– Nadie ha intentado asesinarla a usted…

Durante el fascismo, Mussolini quiso imitar a Hitler en la persecución de judíos…, y tuve que ocultarme por un tiempo. Pero no dejé de investigar:

monté mi laboratorio en mi dormitorio… ¡y descubrí la apoptosis, que es la muerte programada de las células!

– ¿Por qué hay tan alto porcentaje de judíos entre científicos e intelectuales?

La exclusión fomentó entre los judíos los trabajos intelectivos: pueden prohibírtelo todo, ¡pero no que pienses! Y es cierto que hay muchos judíos entre los premios Nobel…

– ¿Cómo se explica usted la locura nazi?

Hitler y Mussolini supieron hablar a las masas, en las que siempre predomina el cerebro emocional sobre el intelectual. ¡Manejaron emociones, no razones!*

– ¿La ideología es emoción, es sinrazón?

La razón es hija de la imperfección. En los invertebrados todo está  programado: son perfectos. ¡Nosotros, no! Y, al ser  imperfectos, hemos recurrido a la razón, a los valores éticos: ¡discernir entre el bien y el mal es el más alto grado de la evolución darwiniana!

– ¿Nunca se ha casado, no ha tenido hijos?

No. Entré en la jungla del sistema nervioso ¡y quedé tan fascinada por su belleza que decidí dedicarle todo mi tiempo, mi vida!

– ¿Lograremos un día curar el alzheimer, el parkinson, la demencia senil…?

Curar… Lo que lograremos será frenar, retrasar, minimizar todas esas enfermedades.

– ¿Cuál es hoy su gran sueño?

Que un día logremos utilizar al máximo la capacidad cognitiva de nuestros cerebros.

– ¿Qué ha sido lo mejor de su vida?

Ayudar a los demás.

– ¿Qué haría hoy si tuviese 20 años?

¡Pero si estoy haciéndolo! Ayudo a otros a ayudarse a sí mismos.

La fabula del tonto


Se cuenta que en una ciudad, un grupo de personas se divertían con el tonto del pueblo, un pobre infeliz, que vivía haciendo pequeños mandados.

Diariamente algunos hombres llamaban al tonto al bar donde se reunían y le ofrecían escoger entre dos monedas: una de tamaño grande de 400 Reales y otra de menor tamaño, pero de 2000 reales.

Él siempre cogía la más grande y menos valiosa, lo que era motivo de risas para todos.

Un día, alguien que observaba al grupo divertirse con el inocente hombre, le llamó aparte y le preguntó si todavía no había percibido que la moneda de mayor tamaño valía menos y este le respondió:

– Lo sé, dijo, vale cinco veces menos, pero el día que escoja la otra, el juego acaba y no voy a ganar más mi moneda.

 

Esta historia podría concluir aquí, como un  simple chiste, pero se pueden sacar varias conclusiones:

La primera: Quien parece tonto, no siempre lo es.

La segunda: ¿Cuáles eran los verdaderos tontos de la historia?

La tercera: Una ambición desmedida puede acabar por cortar tu fuente de ingresos.

Pero la conclusión más interesante es:

Podemos estar bien, aun cuando los otros no tengan una buena opinión sobre nosotros mismos. Por lo tanto, lo que importa no es lo que piensan de nosotros, sino lo que uno piensa de sí mismo.

Aprender


  • He aprendido que es muy difícil determinar dónde fijar el límite entre no  herir los sentimientos de los demás y defender lo que creo.
  • He aprendido que no puedo compararme con lo mejor que hacen los demás,  sino con lo mejor que puedo hacer yo mismo.
  • He aprendido que no puedo hacer que alguien me ame, sólo convertirme en  alguien  que sabe amar.
  • He aprendido que se pueden requerir años para construir la confianza y únicamente segundos para destruirla. Por eso debo cuidarla.

Y seguiré aprendiendo.

Lo que he aprendido


Del hablador he aprendido a callar; del intolerante a ser indulgente, y del malévolo a tratar a los demás con amabilidad. Y por curioso que  parezca, no siento ninguna gratitud hacia esos maestros.