Si se quema tu choza


Un día zarpó un barco a alta mar, iban varios marineros. Una noche estalló el cuarto de máquinas y se hundió el barco, sobreviviendo sólo uno al naufragio. El único sobreviviente de un naufragio alcanzó a nadar a una pequeña isla desierta. Oraba pidiendo a Dios que lo rescataran. Todos los días revisaba el horizonte buscando ayuda, pero ésta nunca llegaba. Ya cansado, empezó a construir una pequeña cabaña para protegerse y proteger sus pocas posesiones.

Un día se fue a pescar y regresó corriendo al ver que se quemaba su choza y no pudo salvar nada. Después de haber perdido todo, anduvo vagando en la isla como sonámbulo, ya sin esperanza. El náufrago estaba confundido y enojado con Dios y llorando le decía: “¿Cómo pudiste hacerme esto?”, y se quedó dormido lamentándose.

A la mañana siguiente, escuchó asombrado la sirena de un buque que se acercaba a la isla. ¡Venían a rescatarlo! Al llegar sus salvadores les preguntó: “¿Cómo sabían que yo estaba aquí?”, y ellos le respondieron: “Vimos las señales de humo que nos hiciste…”.

Es fácil enojarse cuando las cosas van mal, pero no debemos perder la Fe, porque Dios está trabajando en nuestras vidas para darnos crecimiento y su amor.

Tres cosas


Hay tres cosas en la vida que una vez que pasan nunca regresan:

1. El tiempo

2. Las palabras

3. Las oportunidades

 

Hay tres cosas en la vida que pueden destruir a una persona:

1. El enojo

2. El orgullo

3. No perdonar

 

Hay tres cosas en la vida que usted nunca debe de perder:

1. La esperanza

2. La paz

3. La honestidad

 

Hay tres cosas en la vida de mayor valor:

1. El amor

2. La bondad

3. La familia y los amigos

 

Hay tres cosas en la vida que no son seguras:

1. La fortuna

2. El éxito

3. Los sueños

 

Hay tres cosas en la vida que forman a una persona:

1. El compromiso

2. El trabajo duro

3. La sinceridad

El sembrador


En los 1930s un joven viajero exploraba los Alpes Franceses. Llegó a una vasta extensión de tierra estéril. Estaba desolada. Era amenazante. Era horrible. Era el tipo de lugar del que uno sale huyendo de prisa.

 

Entonces, de repente, el joven viajero se detuvo sobre sus talones. En medio de este vasto desierto había un anciano encorvado. Sobre su espalda cargaba un saco de bellotas. En su mano había un trozo de tubo de hierro de metro y medio.

 

El hombre usaba el tubo de hierro para abrir agujeros en la tierra. Entonces, sacaba del saco que traía una bellota y la colocaba en el agujero. Luego, el anciano le dijo al viajero: “He sembrado más de 100,000 bellotas. Quizás tan sólo una décima parte de ellas crecerán”. La esposa e hijo del anciano habían muerto, y ésta era la manera como él había decidido invertir sus últimos años. “Quiero hacer algo útil”, dijo él.

 

Veinticinco años después, el ahora no tan joven viajero, regresó al mismo paraje desolado. Lo que vio lo sorprendió. No podía creer lo que veían sus propios ojos. La tierra estaba cubierta con un hermoso bosque de tres kilómetros de ancho y ocho de largo. Las aves cantaban y los animales jugaban y las flores silvestres perfumaban el ambiente.

 

El viajero se quedó contemplándolo, recordando la desolación que alguna vez estuviese en su lugar; un hermoso bosque de robles ahora se levantaba allí –sólo porque alguien se interesó.

 

Nunca te canses de sembrar. Lo que ahora parece que no germina, un día brotará. Quizá no lo veas tú, pero lo verán tus hijos o tus nietos, y tú sonreirás desde los cielos. La vida es un campo y tú eres el sembrador.