Ideario de Don Eugenio Garza Sada:


I. Reconocer el mérito en los demás.

II. Controlar el temperamento.

III. Nunca hacer burla.

IV. Ser cortés.

V. Ser tolerante.

VI. Ser puntual.

VII. Si uno es vanidoso, hay que ocultarlo.

VIII. No alterar la verdad.

IX. Dejar que los demás se explayen.

X. Expresarse concisamente.

XI. Depurar el vocabulario.

XII. Asegurarse de disfrutar el trabajo.

XIII. Reconocer el enorme valor del trabajador manual.

XIV. Pensar en el interés del negocio más que en el propio.

XV. Análisis por encima de la inspiración o de la intuición.

XVI. La dedicación al trabajo.

XVII. Ser modesto

Para vivir bien…


– Persiga metas posibles de ser alcanzadas.

– Siempre sonríe espontanea y genuinamente.

– Comparte con los otros.

– Ayuda a los necesitados.

– Mantén tu espíritu joven.

– Relaciónate con ricos, pobres, bonitos y feos.

– Sobre presión, mantente calmado!

– Usa tu humor para aliviar el stress.

– Perdona a los que te incomodan.

– Ten a algunos amigos en quienes confiar.

– Coopera y consigue las mejores recompensas.

– Valoriza cada momento con quien ama.

– Mantén en alto tu confianza y auto-estima.

– Respeta las diferencias.

– De vez en cuando, permite quebrar las reglas.

– Navega en Internet por placer.

– Corra riesgos calculados.

..Y comprende ‘Dinero no es todo’.

Resumen de algunas practicas en el manejo del tiempo del Director de Starbucks


1. Escribe sus propios correos electrónicos.

2. Recibe mensajes de voz cuando no puede contestar el teléfono.

3. Responde los mails y los mensajes rápidamente.

4. Usa un teléfono con servicio de mails.

5. Anota constantemente las ideas y lo que le dicen.

6. Envía mails masivos a grupos de sus directivos.

7. También les envía mensajes telefónicos masivos.

8. Reserva una hora para las juntas, pero las programa de 45 minutos.

9. Esos 15 minutos extras le sirven para descargar ideas y leer mensajes.

10. Le pide a sus gentes que llamen a sus colaboradores con los que casi no hablan.

11. Su secretaria le presenta cada mes una gráfica donde viene como usó su tiempo.

12.44% en juntas con su personal, 28% en estrategia y evaluación de empleados, 17% viajando entre sus tiendas y 11% hablando con sus colaboradores directos.

13. Visitar tiendas es su actividad favorita. Acude a 20 por semana.

14. Platica con los clientes y con su personal.

15. Sigue el consejo de Sam Walton que decía: “Si quieres saber que esta mal en tu tienda, pregúntales a los que están haciendo cola”.

 

Si eres soberbio…


Si eres soberbio, más vale que ames la soledad. Los soberbios casi siempre acaban muy solos.

No confundas la felicidad con el deseo enfermizo de ser siempre tú quien diga la última palabra. La soberbia mata, sobre todo a la persona que la padece.

 

Lucha por educarte para que no seas inferior a los demás. Y después, lucha por seguirte educando – de verdad – para que tampoco te sientas superior.

Difícilmente encontraremos señal más clara de soberbia que la de quien considera imposible lo que no sabe explicar.

 

Señor, ayúdame a decir la verdad delante de los fuertes y a no decir mentiras para ganar el aplauso de los débiles. Si me das fortuna, no me quites la razón. Si me das éxito, no permitas que olvide que la humildad es virtud que da fortaleza. Si me das humildad, no me quites la dignidad.

Ayúdame a ver siempre la otra cara de la moneda. No me dejes inculpar a los demás por no pensar como yo. Enséñame a quererlos como a mí mismo.

Si triunfo, no me dejes caer en el orgullo, ni tampoco en la desesperación si fracaso. Más bien, recuérdame que el fracaso es la experiencia que antecede al triunfo.

Enséñame que perdonar es una manifestación de grandeza y que la venganza es señal de bajeza. Si me quitas el éxito, déjame fuerza para aprender del fracaso. Si ofendo a alguien, dame el valor necesario para pedir perdón. Y si me ofenden, dame el valor para saber perdonar.

M. Ghandi

Dispuesto a dar


Cuando trabajaba como voluntario en un hospital, conocí a una niñita quien sufría de una extraña enfermedad. Su única oportunidad de recuperarse aparentemente era una transfusión de sangre de su hermano de 5 años, quien había sobrevivido milagrosamente a la misma enfermedad y había desarrollado los anticuerpos necesarios para combatirla.

El doctor explicó la situación al hermano de la niña, y le preguntó si estaría dispuesto a dar su sangre a su hermana. Yo lo vi dudar un momento antes de tomar un gran suspiro y decir: “Si, lo haré”.

Mientras la transfusión se realizaba, él estaba acostado en una cama al lado de su hermana, y sonriente mientras nosotros lo asistíamos a él y a su hermana. Vimos retornar el color a las mejillas de la niña y nos alegramos. Entonces la cara del niño se puso pálida y su sonrisa desapareció. Miró al doctor y le preguntó con voz temblorosa: “¿a qué hora empezaré a morirme?

Siendo sólo un niño, no había comprendido al doctor; él pensaba que le daría toda su sangre a su hermana y moriría.

Oportunidad para mejorar


Hace mucho tiempo, un rey colocó una gran roca obstaculizando un camino. Entonces se escondió y miró para ver si alguien quitaba la tremenda roca.

Algunos de los comerciantes más adinerados y cortesanos vinieron y simplemente le dieron una vuelta. Muchos culparon al rey ruidosamente de no mantener los caminos despejados, pero ninguno hizo algo para sacar la piedra del camino.

Un campesino vino, y llevaba una carga de verduras. Al aproximarse a la roca, el campesino puso su carga en  el piso y trató de mover la roca a un lado del camino. Después de empujar y fatigarse mucho, lo logró. Mientras    recogía su carga de vegetales, notó una bolsa en el  suelo, justo donde había estado la roca.

Contenía monedas de oro y una nota del mismo rey indicando que  el oro era para la persona que removiera la piedra del camino.

Cada obstáculo es una oportunidad para mejorar la condición de uno,  y a veces, hasta la de los demás.

Brindar ayuda desinteresada


Una noche, una mujer afroamericana, de edad avanzada, estaba parada en una autopista, tratando de soportar una fuerte tormenta. Su coche se había descompuesto y ella necesitaba desesperadamente que la llevaran. Toda mojada, decidió detener el próximo coche. un joven se detuvo a ayudarla. El joven la llevó a un lugar seguro, la ayudó a obtener asistencia y la puso en un taxi. Ella parecía estar bastante apurada. Anotó la dirección del joven, le agradeció y se fue. siete días pasaron, cuando tocaron la puerta de su casa. Para su sorpresa, un televisor pantalla gigante le fue entregado a su casa. Tenía   una nota adjunta al paquete. Esta decía: “muchísimas gracias por ayudarme en la autopista la otra noche. La lluvia anegó no sólo mi ropa, sino mi espíritu. entonces apareció usted. Gracias a usted, pude llegar al lado de la cama de mi marido agonizante, justo antes de que muriera. Dios lo bendiga  por ayudarme y por servir a otros desinteresadamente. Sinceramente: la señora de Nat King Cole.”

La Gran Rueda


En septiembre de 1960. Yo desperté una mañana con 6 bebes hambrientos y solo 0.75 centavos en mi bolsa. Su papa se había ido. Los niños tenían de tres meses a 7 años. Su papa nunca había sido más que una presencia que ellos temían.

 

Cuando ellos oían rechinar las llantas en la grava suelta del camino a casa, corrían a esconderse debajo de sus camas. Lo que sí hacia era dejarme 15 dólares por semana para comprar el mandado. Ahora que había decidido marcharse, ya no habría golpizas pero, comida tampoco.

 

Si había algún sistema de bienestar social por parte del gobierno en el sur de Indiana, yo nunca supe nada al respecto. Yo bañe a mis hijos, tallándolos hasta que parecían nuevos, les puse la mejor ropa hecha en casa que tenían y los subí al viejo y oxidado Chevy año 51 y me fui en busca de trabajo.

 

Mis 7 hijos y yo fuimos a todas las fabricas, tiendas y restaurantes que había en nuestro pequeño pueblo.

No tuvimos suerte.

 

Los niños se mantenían todos encimados en el carro e intentaban mantenerse callados mientras que yo intentaba convencer a quien fuera que me pusiera atención que yo estaba dispuesta a aprender o hacer lo que fuera.

 

Yo tenía que tener un empleo. Aun así, no hubo suerte. El ultimo lugar al que fuimos, a unas cuantas millas del pueblo, fue un restauran (paradero) llamado La Gran Rueda.

 

Un señora ya grande llamada Granny era la dueña y se asomó por la ventana y vio todos esos niños en el carro. Ella necesitaba a alguien que trabajara de noche, de las 11 de la noche a las 7 de la mañana. Ella pagaba 0.65 centavos la hora y yo podría empezar esa noche.

Me fui apresuradamente a casa y llame a la niñera convenciéndola de ir a dormir a mi casa por 1.00 dólar la noche.

Ella podría llegar a mi casa en pijama y dormir en el sofá. Esto le pareció un buen trato y acepto.

Esa noche cuando los pequeños y yo nos arrodillamos para orar, todos le dimos gracias a Dios por haberle conseguido trabajo a mami, y así empezó mi trabajo en La Gran Rueda. Cuando regrese a casa en la mañana, desperté a la niñera y la envié a su casa con su dólar que era la mitad de mis propinas de toda la noche. Al pasar de las semanas, las cuentas de calefacción aumentaban el pesar de los gastos que con tan poco ingreso teníamos que soportar.

 

Las llantas del viejo Chevy, cada vez más mostraban el trabajo del tiempo tomando la apariencia de ser globos mal inflados. Yo debía llenar de aire las llantas antes de ir al trabajo y al regresar a casa. Una triste mañana, al arrastrarme cansada hacia mi carro en el estacionamiento, encontré en mi carro  cuatro llantas nuevas esperándome ahí. Habrían venido los Ángeles del cielo a vivir a Indiana? Tuve que hacer un trato con el mecánico del pueblo para que le pusiera las llantas a mi viejo carro. Recuerdo que tarde mucho más en limpiar sus sucias oficinas que lo que el tardo en ponerle las llantas al viejo Chevy.

 

Estaba ya trabajando seis noches por semana en lugar de 5 y aun así no era suficiente. Se acercaba la navidad y yo sabia que no habría dinero para comprar juguetes para los niños. Encontré un bote de pintura roja y empecé a pintar algunos viejos juguetes y los escondí en el sótano para que hubiera juguetes en la mañana de navidad. La ropa de los niños también estaba muy acabada. Los pantalones de los niños tenían parches encima de los parches y ya pronto no servirían para nada. La noche antes de navidad entraron los clientes de siempre al restaurant a tomar su café.

Ellos eran troqueros y traileros y policías de camino. Había algunos músicos que habían tocado mas temprano, aun ahí jugando en las maquinitas.

Los de siempre estaban ahí sentados platicando hasta la madrugada. Cuando se llego la hora de ir a casa a las 7 de la mañana yo corrí al carro para tratar de llegar antes de que se despertaran los niños y ponerles los juguetes que había arreglado abajo de un árbol que habíamos improvisado.

 

Aún estaba oscuro y no se veía mucho, pero note que había una sombra en la parte de atrás del carro. Algo era seguro, había algo ahí.

Cuando llegue al carro me asome por la ventana lateral. Mi boca se abrió con gran asombro. Mi viejo Chevy estaba lleno de cajas hasta arriba.

Rápidamente abrí la puerta y abrí una de las cajas. Adentro había pantalones de la talla 2 a la 10. En la otra había camisas. También había dulces, frutas y mucho mandado en bolsas. Había gelatinas, pudines, pasteles y galletas. También había artículos para el aseo y limpieza de mi casa. Había 5 camionetitas y una hermosa muñeca.

Mientras manejaba por las calles vacías hacia mi casa, vi salir el sol del día de navidad más inolvidable e increíble de mi vida. Lloraba de incredulidad y gratitud. Nunca olvidare la alegría en las caritas de mis

pequeños en esa mañana.

Sí, sí hubo Ángeles en aquella mañana en Indiana hace muchos diciembres.

Y todos ellos eran clientes de La Gran Rueda.

Reflexión escrita por Facundo Cabral


No estás deprimido, estás distraído … Distraído de la vida que te puebla, Distraído de la vida que te rodea, Delfines, bosques, mares, montañas, ríos.

 

No caigas en lo que cayó tu hermano, que sufre por un ser humano, cuando en el mundo hay cinco mil seiscientos millones. Además, no es tan malo vivir solo.

Yo lo paso bien, decidiendo a cada instante lo que quiero hacer y gracias a la soledad me conozco…… algo fundamental para vivir.

No caigas en lo que cayó tu padre, que se siente viejo porque tiene setenta años, olvidando que Moisés dirigía el Éxodo a los ochenta y Rubinstein interpretaba como nadie a Chopin a los noventa, sólo por citar dos casos conocidos.

No estás deprimido, estás distraído. Por eso crees que perdiste algo, lo que es imposible, porque todo te fue dado. No hiciste ni un sólo  pelo de tu cabeza, por lo tanto no puedes ser dueño de nada.

Además, la vida no te quita cosas: te libera de cosas… te alivia para que vueles más alto, para que alcances la plenitud.

De la cuna a la tumba es una escuela; por eso, lo que llamas problemas, son lecciones.

No perdiste a nadie: El que murió, simplemente se nos adelantó, porque para allá vamos todos. Además, lo mejor de él, el amor, sigue en tu corazón.

No hay muerte… hay mudanza. Y del otro lado te espera gente maravillosa: Gandhi, Miguel Ángel, Whitman, San Agustín, la Madre Teresa, tu abuelo y mi madre, que creía que la pobreza está más cerca del amor, porque el dinero nos distrae con demasiadas cosas y nos aleja, porque nos hace desconfiados.

 

Haz sólo lo que amas y serás feliz. El que hace lo que ama, está  benditamente condenado al éxito, que llegará cuando deba llegar, porque lo que debe ser, será y, llegará naturalmente.

No hagas nada por obligación ni por compromiso, sino por amor. Entonces habrá plenitud, y en esa plenitud, todo es posible y sin esfuerzo,  porque te mueve la fuerza natural de la vida, la que me levantó cuando se  cayó el avión con mi mujer y mi hija; la que me mantuvo vivo cuando los médicos me diagnosticaban tres o cuatro meses de vida.

 

-Dios te puso un ser humano a cargo y eres tú mismo. A ti debes hacerte libre y feliz. Después podrás compartir la vida verdadera con los demás.

Recuerda: “Amarás al prójimo como a ti mismo”. Reconcíliate contigo, ponte frente al espejo y piensa que esa criatura que estás  viendo es obra de Dios y decide ahora mismo ser feliz, porque la  felicidad es una adquisición.

Además, la felicidad no es un derecho, sino un deber; porque si no eres feliz, estás amargando a todo el  barrio.

Un solo hombre que no tuvo ni talento ni valor para vivir, mandó a matar a seis millones de hermanos judíos.

 

Hay tantas cosas para gozar y nuestro paso por la tierra es tan corto, que sufrir es una pérdida de tiempo. Tenemos para gozar la nieve del invierno y las flores de la primavera, el chocolate de la Perusa, la baguette francesa, los tacos mexicanos, el vino chileno, los mares y los ríos, el fútbol de los brasileños, Las Mil y Una Noches, la Divina Comedia, el Quijote, el Pedro Páramo, los boleros de Manzanero y las poesías de Whitman; la música de Mahler, Mozart, Chopin, Beethoven; las  pinturas de Caravaggio, Rembrandt, Velázquez, Picasso y Tamayo, entre tantas maravillas.

 

Y si tienes cáncer o sida, pueden pasar dos cosas y las dos son  buenas: si te gana, te libera del cuerpo que es tan molesto (tengo hambre, tengo frío, tengo sueño, tengo ganas, tengo razón, tengo dudas)… y si le  ganas, serás más humilde, más agradecido… por lo tanto, fácilmente  feliz, libre del tremendo peso de la culpa, la responsabilidad y la vanidad, dispuesto a vivir cada instante profundamente, como debe ser.

 

No estás deprimido, estás desocupado.

 

Ayuda al niño que te necesita, ese  niño que será socio de tu hijo; ayuda a los viejos  y los jóvenes te ayudarán cuando lo seas.

Además, el servicio es una felicidad segura,  como gozar de la naturaleza y cuidarla para el que vendrá.

Da sin medida y te darán sin medida. Ama hasta convertirte en lo amado; más aún, hasta convertirte en el mismísimo Amor.

Y que no te confundan unos pocos homicidas y suicidas.

 

El bien es mayoría, pero no se nota porque es silencioso.

Una bomba hace más ruido que una caricia, pero por cada bomba que  destruye, hay millones de caricias que alimentan a la vida. Vale la pena, ¿verdad?

Si Dios tuviera un refrigerador, tendría tu foto pegada en él. Si Él tuviera una cartera, tu foto estaría dentro de ella. El te manda flores cada primavera. Él te manda un amanecer cada mañana. Cada vez que tú quieres hablar, Él te escucha, El puede vivir en cualquier parte del universo, pero Él escogió tu corazón. Enfréntalo, amigo, ¡Él está loco por ti!

 

Manda esto a cada “bella persona” que tu quieras que sea  bendecida.

– Dios no te prometió días sin dolor, risa sin tristeza, sol sin lluvia, pero él sí prometió fuerzas para cada día, consuelo para las  lágrimas, y luz para el camino.

 

Cuando la vida te presente mil razones para llorar, demuéstrale que tienes mil y una razones por las cuales sonreír”

Hablar y callar


Hablar oportunamente, es acierto.

Hablar frente al enemigo, es civismo.

Hablar ante una injusticia, es valentía.

Hablar para rectificar, es un deber.

 

Callar miserias humanas, es caridad.

Callar a tiempo, es prudencia.

Callar de sí mismo, es humildad.

Callar palabras inútiles, es virtud.

 

Hablar para defender, es compasión.

Hablar ante un dolor, es consolar.

Hablar para ayudar a otros, es caridad.

Hablar con sinceridad, es rectitud.

 

Callar cuando acusan, es heroísmo.

Callar cuando insultan, es amor.

Callar las propias penas es sacrificio.

Callar el dolor, es penitencia.

 

Hablar de sí mismo, es vanidad.

Hablar restituyendo fama, es honradez.

Hablar aclarando chismes, es estupidez.

Hablar disipando falsedades, es de conciencia.

 

Callar cuando hieren, es santidad.

Callar para defender, es nobleza.

Callar defectos ajenos, es benevolencia.

Callar debiendo hablar, es cobardía.

 

Hablar de defectos, es lastimar.

Hablar debiendo callar, es necedad.

Hablar por hablar, es tontería.

Hablar de Dios, significa mucho amor.

Disminuir el paso


Hace algunos años, en las olimpiadas para personas con discapacidad, también llamadas “Olimpiadas  Especiales”, nueve participantes, todos con deficiencia mental, se alinearon para la salida de la carrera de los cien metros.

A la señal, todos partieron, no exactamente disparados, pero con deseos de dar lo mejor de si, terminar la carrera y ganar  el premio. Todos, excepto un muchacho, que tropezó en el piso, cayó y rodando comenzó a llorar…

Los otros ocho escucharon el llanto, disminuyeron el paso y miraron hacia atrás.

Vieron al muchacho en el suelo, se detuvieron y regresaron… ¡Todos! Una de las muchachas, con síndrome de Down, se arrodilló, le dio un beso y le dijo: “Listo, ahora  vas a ganar”….

Y todos, los nueve competidores entrelazaron los brazos y caminaron juntos hasta la línea de llegada.

El estadio entero se puso de pie y en ese momento no había un solo par de ojos secos.

Los aplausos duraron largos minutos. Las personas que estaban allí aquél día, repiten y repiten esa historia hasta hoy.

¿Por qué? …

Porque en el fondo, todos sabemos que lo que importa en esta vida, más que ganar, es ayudar a los demás para vencer, aunque ello signifique disminuir el paso y cambiar  el rumbo.

Porque el verdadero sentido de esta vida es que TODOS JUNTOS GANEMOS, no cada uno de nosotros en forma individual.

Ojalá que también seamos capaces de disminuir el paso o cambiar el  rumbo, para ayudar a alguien que en cierto momento de su vida  tropezó o que necesita de ayuda para continuar.

Dios mio…


Ayúdame a decir la verdad en la cara de los fuertes, y a no mentir para congraciarme con los débiles.

Si me das dinero, no tomes mi felicidad, y si me das fuerzas, no quites mi raciocinio.

Si me das éxito no me quites la humildad. Si me das humildad, no quites mi dignidad.

Ayúdame a conocer la otra cara de la imagen, y no me dejes acusar a mis adversarios, tachándoles porque no comparten mi criterio.

Enséñame a amar a los demás y mí mismo, y a juzgarlos como lo hago conmigo.

No me dejes embriagar con el éxito cuando lo logre, ni desesperarme si fracaso.

Más bien, hazme siempre recordar que el fracaso es la prueba que antecede al éxito.

Enséñame que la tolerancia es el más alto grado de la fuerza y que el deseo de venganza es la primera manifestación de la debilidad.

Si me despojas del dinero, déjame la esperanza, y si me despojas del éxito, déjame la fuerza de voluntad para poder vencer el fracaso.

Si me despojas del don de la salud déjame la gracia de la fe.

Si hago daño a la gente, dame la fuerza de la disculpa, y si la gente me hace daño, dame la fuerza del perdón.

Dios mío…  si te olvido ¡no me olvides!

Servir


Tu capacidad de servir a los demás está en proporción directa a la grandeza de tu corazón y a la nobleza de tus sentimientos; de igual manera a medida que te esfuerzas por compartir, dar, servir y ser solidario, crece y se ennoblece tu ser interior, convirtiéndote en mejor persona, más feliz y con mayores posibilidades de vivir una vida de mejor calidad.