Dispuesto a dar


Cuando trabajaba como voluntario en un hospital, conocí a una niñita quien sufría de una extraña enfermedad. Su única oportunidad de recuperarse aparentemente era una transfusión de sangre de su hermano de 5 años, quien había sobrevivido milagrosamente a la misma enfermedad y había desarrollado los anticuerpos necesarios para combatirla.

El doctor explicó la situación al hermano de la niña, y le preguntó si estaría dispuesto a dar su sangre a su hermana. Yo lo vi dudar un momento antes de tomar un gran suspiro y decir: “Si, lo haré”.

Mientras la transfusión se realizaba, él estaba acostado en una cama al lado de su hermana, y sonriente mientras nosotros lo asistíamos a él y a su hermana. Vimos retornar el color a las mejillas de la niña y nos alegramos. Entonces la cara del niño se puso pálida y su sonrisa desapareció. Miró al doctor y le preguntó con voz temblorosa: “¿a qué hora empezaré a morirme?

Siendo sólo un niño, no había comprendido al doctor; él pensaba que le daría toda su sangre a su hermana y moriría.

Oportunidad para mejorar


Hace mucho tiempo, un rey colocó una gran roca obstaculizando un camino. Entonces se escondió y miró para ver si alguien quitaba la tremenda roca.

Algunos de los comerciantes más adinerados y cortesanos vinieron y simplemente le dieron una vuelta. Muchos culparon al rey ruidosamente de no mantener los caminos despejados, pero ninguno hizo algo para sacar la piedra del camino.

Un campesino vino, y llevaba una carga de verduras. Al aproximarse a la roca, el campesino puso su carga en  el piso y trató de mover la roca a un lado del camino. Después de empujar y fatigarse mucho, lo logró. Mientras    recogía su carga de vegetales, notó una bolsa en el  suelo, justo donde había estado la roca.

Contenía monedas de oro y una nota del mismo rey indicando que  el oro era para la persona que removiera la piedra del camino.

Cada obstáculo es una oportunidad para mejorar la condición de uno,  y a veces, hasta la de los demás.

No juzquemos


Un niño de 10 años entró en un establecimiento y se sentó en una mesa. La mesera puso un vaso de agua frente de él. “¿cuánto cuesta un helado de chocolate con almendras?”, pregunto el niño. “cinco pesos”, respondió la mesera. El niño metio su mano a su bolsillo y conto sus monedas.  “¿y cuánto cuesta un helado solo?”, volvió a preguntar. – algunas personas estaban esperando por una mesa y la mesera ya  estaba impaciente. “cuatro pesos”, dijo ella bruscamente. El niño volvió a contar su dinero. “quiero el helado solo”, dijo el niño. La mesera le trajo  el helado, puso la cuenta en la mesa y se fue.  el niño terminó el helado, pagó y se fue. Cuando la mesera volvió, empezó a limpiar la mesa y entonces le costó tragar saliva con lo que vio. allí, junto al plato vacío, había cinco monedas de a peso… Una de propina.

Brindar ayuda desinteresada


Una noche, una mujer afroamericana, de edad avanzada, estaba parada en una autopista, tratando de soportar una fuerte tormenta. Su coche se había descompuesto y ella necesitaba desesperadamente que la llevaran. Toda mojada, decidió detener el próximo coche. un joven se detuvo a ayudarla. El joven la llevó a un lugar seguro, la ayudó a obtener asistencia y la puso en un taxi. Ella parecía estar bastante apurada. Anotó la dirección del joven, le agradeció y se fue. siete días pasaron, cuando tocaron la puerta de su casa. Para su sorpresa, un televisor pantalla gigante le fue entregado a su casa. Tenía   una nota adjunta al paquete. Esta decía: “muchísimas gracias por ayudarme en la autopista la otra noche. La lluvia anegó no sólo mi ropa, sino mi espíritu. entonces apareció usted. Gracias a usted, pude llegar al lado de la cama de mi marido agonizante, justo antes de que muriera. Dios lo bendiga  por ayudarme y por servir a otros desinteresadamente. Sinceramente: la señora de Nat King Cole.”

El poder de la oración


Yo creo que Dios solo da tres respuestas a las oraciones:

1. “Sí”

2. “Todavía no”

3.- “Yo he pensado en algo mejor para ti”

Podrás estar pasando por momentos difíciles ahorita pero Dios se está preparando para bendecirte de una forma que tú ni siquiera puedes empezar a imaginar.

La Gran Rueda


En septiembre de 1960. Yo desperté una mañana con 6 bebes hambrientos y solo 0.75 centavos en mi bolsa. Su papa se había ido. Los niños tenían de tres meses a 7 años. Su papa nunca había sido más que una presencia que ellos temían.

 

Cuando ellos oían rechinar las llantas en la grava suelta del camino a casa, corrían a esconderse debajo de sus camas. Lo que sí hacia era dejarme 15 dólares por semana para comprar el mandado. Ahora que había decidido marcharse, ya no habría golpizas pero, comida tampoco.

 

Si había algún sistema de bienestar social por parte del gobierno en el sur de Indiana, yo nunca supe nada al respecto. Yo bañe a mis hijos, tallándolos hasta que parecían nuevos, les puse la mejor ropa hecha en casa que tenían y los subí al viejo y oxidado Chevy año 51 y me fui en busca de trabajo.

 

Mis 7 hijos y yo fuimos a todas las fabricas, tiendas y restaurantes que había en nuestro pequeño pueblo.

No tuvimos suerte.

 

Los niños se mantenían todos encimados en el carro e intentaban mantenerse callados mientras que yo intentaba convencer a quien fuera que me pusiera atención que yo estaba dispuesta a aprender o hacer lo que fuera.

 

Yo tenía que tener un empleo. Aun así, no hubo suerte. El ultimo lugar al que fuimos, a unas cuantas millas del pueblo, fue un restauran (paradero) llamado La Gran Rueda.

 

Un señora ya grande llamada Granny era la dueña y se asomó por la ventana y vio todos esos niños en el carro. Ella necesitaba a alguien que trabajara de noche, de las 11 de la noche a las 7 de la mañana. Ella pagaba 0.65 centavos la hora y yo podría empezar esa noche.

Me fui apresuradamente a casa y llame a la niñera convenciéndola de ir a dormir a mi casa por 1.00 dólar la noche.

Ella podría llegar a mi casa en pijama y dormir en el sofá. Esto le pareció un buen trato y acepto.

Esa noche cuando los pequeños y yo nos arrodillamos para orar, todos le dimos gracias a Dios por haberle conseguido trabajo a mami, y así empezó mi trabajo en La Gran Rueda. Cuando regrese a casa en la mañana, desperté a la niñera y la envié a su casa con su dólar que era la mitad de mis propinas de toda la noche. Al pasar de las semanas, las cuentas de calefacción aumentaban el pesar de los gastos que con tan poco ingreso teníamos que soportar.

 

Las llantas del viejo Chevy, cada vez más mostraban el trabajo del tiempo tomando la apariencia de ser globos mal inflados. Yo debía llenar de aire las llantas antes de ir al trabajo y al regresar a casa. Una triste mañana, al arrastrarme cansada hacia mi carro en el estacionamiento, encontré en mi carro  cuatro llantas nuevas esperándome ahí. Habrían venido los Ángeles del cielo a vivir a Indiana? Tuve que hacer un trato con el mecánico del pueblo para que le pusiera las llantas a mi viejo carro. Recuerdo que tarde mucho más en limpiar sus sucias oficinas que lo que el tardo en ponerle las llantas al viejo Chevy.

 

Estaba ya trabajando seis noches por semana en lugar de 5 y aun así no era suficiente. Se acercaba la navidad y yo sabia que no habría dinero para comprar juguetes para los niños. Encontré un bote de pintura roja y empecé a pintar algunos viejos juguetes y los escondí en el sótano para que hubiera juguetes en la mañana de navidad. La ropa de los niños también estaba muy acabada. Los pantalones de los niños tenían parches encima de los parches y ya pronto no servirían para nada. La noche antes de navidad entraron los clientes de siempre al restaurant a tomar su café.

Ellos eran troqueros y traileros y policías de camino. Había algunos músicos que habían tocado mas temprano, aun ahí jugando en las maquinitas.

Los de siempre estaban ahí sentados platicando hasta la madrugada. Cuando se llego la hora de ir a casa a las 7 de la mañana yo corrí al carro para tratar de llegar antes de que se despertaran los niños y ponerles los juguetes que había arreglado abajo de un árbol que habíamos improvisado.

 

Aún estaba oscuro y no se veía mucho, pero note que había una sombra en la parte de atrás del carro. Algo era seguro, había algo ahí.

Cuando llegue al carro me asome por la ventana lateral. Mi boca se abrió con gran asombro. Mi viejo Chevy estaba lleno de cajas hasta arriba.

Rápidamente abrí la puerta y abrí una de las cajas. Adentro había pantalones de la talla 2 a la 10. En la otra había camisas. También había dulces, frutas y mucho mandado en bolsas. Había gelatinas, pudines, pasteles y galletas. También había artículos para el aseo y limpieza de mi casa. Había 5 camionetitas y una hermosa muñeca.

Mientras manejaba por las calles vacías hacia mi casa, vi salir el sol del día de navidad más inolvidable e increíble de mi vida. Lloraba de incredulidad y gratitud. Nunca olvidare la alegría en las caritas de mis

pequeños en esa mañana.

Sí, sí hubo Ángeles en aquella mañana en Indiana hace muchos diciembres.

Y todos ellos eran clientes de La Gran Rueda.

¿Piensas desistir?


La súper estrella del  basquet, Michael Jordan, fue expulsado del equipo escolar.

 

Winston Churchill repitió el sexto grado. Fue  primer ministro de Inglaterra a los 62 años de edad, luego de una vida muy dura.

 

Albert Einstein no habló hasta los 4 años de edad y aprendió a leer a los 7. Su maestra lo calificó como “mentalmente lerdo”. Fue expulsado de la escuela y no fue luego admitido en el Politécnico de Zurich.

 

En 1944, Emmeline Snively, directora de la agencia de modelos Blue Book Modeling, le dijo a la candidata Norman Jean Baker (Marilyn Monroe): “sería mejor que hicieras un curso de secretaria o buscaras un buen marido, no sirves para modelo”.

 

Al rechazar a un grupo de rock inglés llamado The Beatles, un ejecutivo de Decca Recording Company dijo: “No nos  gusta el sonido de ese grupo”.

 

Cuando Alexander Graham Bell inventó el teléfono, en 1876, buscó quiénes lo financiaran en el proyecto. El Presidente Rutheford Hayes dijo: “Es un invento extraordinario, pero ¿quién lo va a usar?”

 

Thomas Edison hizo 2000 experimentos hasta inventar la lámpara. Un joven reportero le preguntó el por qué de tantos fracasos. Edison respondió: “No fracasé ni una vez. Inventé la lámpara. Ocurre que fue un proceso de 2000 pasos”.

 

A los 46 años, después de perder progresivamente la audición, el compositor alemán Ludwig van Beethoven quedó completamente sordo. Y así compuso buena parte de su obra. Incluidas 3 sinfonías, en los 6 últimos años.

 

Por eso no debemos pensar que nuestro tiempo pasó. Mientras aquí estemos, siempre habrá algo para aprender y mucho por hacer.

 

¿Piensas desistir de intentar algo?

 

No,   ¿verdad?… ¡A intentarlo de nuevo!

La mariposa y la flor


 

Cierta vez, un hombre pidió a Dios una flor y una mariposa Pero Dios le dio un cáctus y una oruga.

El hombre quedó triste, pues no entendió por qué su pedido llegó errado.

Luego pensó: Con tanta gente que atender

Y resolvió no cuestionar.

Pasado algún tiempo, el hombre fue a verificar el pedido que  dejó olvidado.

Para su sorpresa, del espinoso y feo cactus había nacido la más bella de las flores y la horrible oruga se transformó en una bellísima mariposa.

Dios siempre hace lo correcto.

Su camino es el mejor, aunque a nuestros ojos parezca que todo está errado.

Si pediste a Dios una cosa y recibiste otra, confía.

Ten la seguridad de que Él siempre dará lo que necesitas en el momento adecuado.

No siempre lo que deseas es lo que necesitas.

Como Dios nunca falla en la entrega de sus pedidos, sigue adelante sin dudar ni murmurar.

La espina de hoy será la flor de mañana.

Naufragio


El único sobreviviente de un naufragio fue visto sobre una pequeña e inhabitada isla del caribe. El oraba fervientemente, pidiendo a Dios que lo rescatara, y todos los días revisaba el horizonte buscando ayuda, pero esta nunca llegaba.

Cansado de las lluvias y el intenso calor, edifico una pequeña cabañita para protegerse, construyó también una serie de herramientas para facilitarse la vida, en un rincón un pequeño altar donde una pequeña vela echa de manteca de puercoespín iluminaba las esperanzas suplicando a Dios por que pronto lo rescataran.

 

Un día, después de andar buscando comida, regreso y encontró la pequeña choza en llamas, todo lo que él tenía se lo estaba devorando el fuego, las llamas subían hacia el cielo y con ellas todas sus esperanzas.

El estaba confundido y enojado con Dios y llorando le gritaba: “¿Señor cómo pudiste hacerme esto?, Me separaste de mi familia y me has quitado lo que más yo amo, ¿Qué quieres de mi Señor?” Agotado de tanto llorar se quedo dormido sobre la arena.

En la mañana del siguiente día, lo despertó el fuerte sonido de un barco que se acercaba a la isla. Venían a rescatarlo.

¿Cómo sabían que yo estaba aquí? Les cuestiono a los marineros y un rescatador le contesto, “Vimos las señales de humo que nos hiciste, las llamas resplandecían a kilómetros mar adentro, no se como lograste atizar ese fabuloso fuego”.

Es fácil enojarse cuando las cosas van mal, pero no debemos de perder la fe, porque Dios esta trabajando en nuestras vidas, en medio de las penas y el sufrimiento. Dios hará cosas en tu vida, que posiblemente no te gusten, pero Él esta dándote lo que más te conviene.

Recuerda la próxima vez que tu pequeña choza se queme…. puede ser simplemente una señal que surge de la GRACIA de Dios.

Por todas las cosas negativas que nos pasan, debemos decirnos a nosotros mismos, DIOS TIENE UNA RESPUESTA POSITIVA A ESTO.

Las tres rejas


El joven discípulo de un filósofo sabio llega a casa de éste y le dice:

– Oye maestro un amigo tuyo estuvo hablando de ti con malevolencia…

– ¡Espera! – Lo interrumpe el filósofo

– ¿Ya hiciste pasar por las tres rejas lo que vas a contarme?

– ¿Las tres rejas?

– Sí. La primera es la verdad.

– ¿Estás seguro de que lo que quieres decirme es absolutamente cierto?

– No. Lo oí comentar a unos vecinos.

– Al menos lo habrás hecho pasar por la segunda reja, que es la bondad. Eso que deseas decirme, ¿Es bueno para alguien?

– No, en realidad no. Al contrario.

– ¡Ah vaya! La última reja es la necesidad. ¿Es necesario hacerme saber eso que tanto te inquieta?

– A decir verdad no.

– Entonces – Dijo el sabio sonriendo – si no es verdadero, ni bueno, ni necesario, sepultémoslo en el olvido.

La fabula del tonto


Se cuenta que en una ciudad, un grupo de personas se divertían con el tonto del pueblo, un pobre infeliz, que vivía haciendo pequeños mandados.

Diariamente algunos hombres llamaban al tonto al bar donde se reunían y le ofrecían escoger entre dos monedas: una de tamaño grande de 400 Reales y otra de menor tamaño, pero de 2000 reales.

Él siempre cogía la más grande y menos valiosa, lo que era motivo de risas para todos.

Un día, alguien que observaba al grupo divertirse con el inocente hombre, le llamó aparte y le preguntó si todavía no había percibido que la moneda de mayor tamaño valía menos y este le respondió:

– Lo sé, dijo, vale cinco veces menos, pero el día que escoja la otra, el juego acaba y no voy a ganar más mi moneda.

 

Esta historia podría concluir aquí, como un  simple chiste, pero se pueden sacar varias conclusiones:

La primera: Quien parece tonto, no siempre lo es.

La segunda: ¿Cuáles eran los verdaderos tontos de la historia?

La tercera: Una ambición desmedida puede acabar por cortar tu fuente de ingresos.

Pero la conclusión más interesante es:

Podemos estar bien, aun cuando los otros no tengan una buena opinión sobre nosotros mismos. Por lo tanto, lo que importa no es lo que piensan de nosotros, sino lo que uno piensa de sí mismo.

Angeles en el callejón (Una historia verdadera)


Diane, una joven estudiante cristiana de la universidad estaba en casa por el verano. Fue a visitar a algunos amigos en la noche y por quedarse platicando se le hizo muy tarde, más de lo que había planeado, y tuvo que caminar sola a su casa. No tenía miedo porque vivía en una ciudad pequeña y vivía sólo a unas cuantas cuadras del lugar. Mientras caminaba a su casa, pidió a Dios que la mantuviera salvada de cualquier mal o peligro. Cuando llegó al callejón que le servía como atajo para llegar más pronto a su casa decidió tomarlo. Sin embargo, cuando iba a la mitad, notó a un hombre parado al final del callejón y se  veía como que estaba esperando por ella. Diane se puso nerviosa y empezó a rezar a Dios por protección. Al instante, un sentimiento de tranquilidad y seguridad la envolvió, sintió como si alguien estuviera caminando con ella; llegó al final del callejón y camino justo enfrente del hombre pero no pasó nada y llegó bien a su casa.

Al día siguiente, leyó en el periódico que una chica había sido violada en aquel mismo callejón unos 20 minutos después de que ella pasara por allí. Sintiéndose muy mal por esa tragedia y pensando que pudo haberle pasado a ella, comenzó a llorar, dando gracias a Dios por haberla cuidado y le rogó que ayudara a la otra joven.

Decidió ir a la estación de policía, pensó que podría reconocer al hombre y les dijo su historia. El policía le preguntó si estaría dispuesta a identificar al hombre que vio la noche anterior en el callejón, ella accedió y sin dudar, reconoció al hombre en cuestión. Cuando el hombre supo que había sido identificado, se rindió y confesó. El policía agradeció a Diane por su valentía y le preguntó si había algo que pudiera hacer por ella. Le pidió que le preguntaran al hombre por qué no la atacó a ella cuando pasó por el mismo callejón. Cuando el policía le preguntó al hombre, él contestó: “Porque ella no estaba sola; había dos hombres altos caminando uno a cada lado de ella”.

 

Moraleja de la historia: Nunca subestimes el poder de una oración.

La fe es todo lo que necesitas


Un hombre se perdió mientras conducía por el campo. Mientras trataba de leer el mapa, accidentalmente cayó en una zanja.

Aunque no se lastimó, su carro quedó atascado en el fango, así que el hombre caminó hasta la granja más cercana para pedir ayuda.

 

“Warwick puede sacarte de la zanja”- dijo el granjero, señalando a una vieja mula. El hombre echó un vistazo a la demacrada mula mientras el granjero seguía repitiendo:

-“Sí, el viejo Warwick puede hacer el trabajo”.

 

El hombre pensó que no tenía nada que perder, así que los dos hombres y Warwick se dirigieron a la zanja. El  granjero amarró la mula al carro y con un jalón a las riendas gritó:

-Jala Manuel!, jala Toño!, jala José!, jala Warwick! – y la mula sacó el carro de la zanja sin mucho esfuerzo.

El hombre estaba sorprendido. Agradeció al granjero, dio palmadas a la mula y preguntó: – ¿Por qué mencionó todos esos nombres antes de Warwick? – el granjero sonrió y dijo:

-El viejo Warwick está ciego. Mientras crea que forma parte de un equipo, no le importa jalar.

Mensaje cifrado


Si consigues leer las  primeras palabras, el cerebro descifrará las otras, inténtalo:

 

C13R70 D14 D3 V3R4N0  3574B4 3N L4 PL4Y4 0853RV4ND0 D05 CH1C45 8R1NC4ND0 3N 14 4R3N4, 357484N  7R484J4ND0 MUCH0 C0N57RUY3ND0 UN C4571LL0 D3 4R3N4 C0N 70RR35,  P454D1Z05, 0CUL705 Y PU3N735. CU4ND0 357484N 4C484ND0 V1N0 UN4 0L4  9U3 D357RUY0 70D0 R3DUC13ND0 3L C4571LL0 4 UN M0N70N D3 4R3N4 Y  35PUM4. P3N53 9U3 D35PU35 DE 74N70 35FU3RZ0 L45 CH1C45 C0M3NZ4R14N 4  L10R4R, P3R0 3N V3Z D3 350, C0RR13R0N P0R L4 P14Y4 R13ND0 Y JU64ND0 Y  C0M3NZ4R0N 4 C0N57RU1R 07R0 C4571LLO.

 

C0MPR3ND1 9U3 H4814 4PR3ND1D0 UN4 6R4N L3CC10N; 64574M05 MUCH0 713MP0 D3  NU357R4 V1D4 C0N57RUY3ND0 4L6UN4 C054 P3R0 CU4ND0 M45 74RD3, UN4 0L4 L1364 4 D357RU1R  70D0, S010 P3RM4N3C3  L4 4M1574D, 3L 4M0R, 3L C4R1Ñ0 Y L45  M4N05 D3 49U3LL05 9U3 50N C4P4C35 D3 H4C3RN05 50NR31R.

La vida


La vida es como un laberinto con muchos caminos por tomar. En el diario caminar podemos estrellarnos contra las paredes cuando las circunstancias son difíciles, pero hay que tomar una actitud positiva y de desapego, nada ganamos angustiándonos, preocupándonos  y torturándonos con los problemas.