¿Cómo se enseña la honradez?

Mi tío Jesús tenía una tienda de abarrotes. Después de una visita a su tienda, mi mamá descubrió que yo andaba quemando cerillos. “Me los encontré” dije entonces para justificar la posesión. No me creyeron y de mano de mi madre regresé a la tienda del tío a devolver lo mal habido. Así nos educaron nuestros padres.

La honradez se enseña con el ejemplo. Un padre de familia que es responsable en su trabajo, aunque no salga nunca de pobre, heredará a sus hijos una riqueza imponderable: su honradez.

Una pobreza digna jamás ha hecho daño a nadie; una riqueza mal habida mina el respeto de los hijos a los padres a quienes verán siempre como a personas deshonestas y sin autoridad moral.

Los niños aprenden en el hogar los límites que impone la propiedad privada. Ellos saben que deben respetar los bienes de los hermanos y, en cambio, saben también que deben compartir esos bienes con los demás miembros de la familia.

Queridos papás…

• Nunca permitan que su hijo robe algo en el supermercado, aunque nadie lo vea.

• Nunca permitan que se cuele sin pagar por más necesidades que tengan.

• Nunca permitan que se apropie de un lugar que no le corresponde en las filas de espera.

• Nunca permitan que traiga a casa un objeto que no es suyo.

• Nunca permitan que invente faltas de sus hermanos ni de ninguna otra persona, porque ellos tienen derecho a su buena fama.

Hablar y callar

Hablar oportunamente, es acierto.

Hablar frente al enemigo, es civismo.

Hablar ante una injusticia, es valentía.

Hablar para rectificar, es un deber.

 

Callar miserias humanas, es caridad.

Callar a tiempo, es prudencia.

Callar de sí mismo, es humildad.

Callar palabras inútiles, es virtud.

 

Hablar para defender, es compasión.

Hablar ante un dolor, es consolar.

Hablar para ayudar a otros, es caridad.

Hablar con sinceridad, es rectitud.

 

Callar cuando acusan, es heroísmo.

Callar cuando insultan, es amor.

Callar las propias penas es sacrificio.

Callar el dolor, es penitencia.

 

Hablar de sí mismo, es vanidad.

Hablar restituyendo fama, es honradez.

Hablar aclarando chismes, es estupidez.

Hablar disipando falsedades, es de conciencia.

 

Callar cuando hieren, es santidad.

Callar para defender, es nobleza.

Callar defectos ajenos, es benevolencia.

Callar debiendo hablar, es cobardía.

 

Hablar de defectos, es lastimar.

Hablar debiendo callar, es necedad.

Hablar por hablar, es tontería.

Hablar de Dios, significa mucho amor.

No supongas

No des nada por supuesto.

Si tienes duda, aclárala.

Si sospechas, pregunta.

Suponer te hace inventar historias increíbles que sólo enredan tu alma y NO TIENEN FUNDAMENTO.

Honra tus PALABRAS. Lo que sale de tu boca: ERES TÚ.

Si no honras tus  palabras, no te estás honrando a ti mismo; si no te honras a  ti mismo,  no te amas.

Honrar tus palabras es honrarte a ti mismo, es ser COHERENTE con lo que piensas y con lo que haces. Esto te hace auténtico y te hace respetable  ante los demás.

Has SIEMPRE lo MEJOR que PUEDAS.

Si siempre haces lo mejor que puedas, nunca podrás recriminarte nada o arrepentirte de nada.

No tomes nada PERSONAL, ni la peor ofensa, ni el peor desaire, ni la más grave herida.

Respeto a lo ajeno

El respeto a lo ajeno implica conocer y sentir que no se debe disponer de lo que no es propio, y si en un momento determinado necesitamos de algo que no es nuestro, no podemos tomarlo si no contamos con la aprobación de su dueño.