Mi ángel en el cielo

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Un día llegué al hospital muy temprano y encontré a mi pequeña ángel sola en la habitación.

Pregunté por su madre.

La respuesta que recibí, aún hoy, no consigo contarla sin experimentar una profunda emoción.
— Tío, me dijo ella — a veces mi madre sale del cuarto para llorar a escondidas en el pasillo…
Cuando yo muera, creo que ella va a sentir mucha nostalgia.
Pero, yo no tengo miedo a morir, tío. ¡Yo no nací para esta vida!
Le pregunté: — ¿Y qué es la muerte para ti, querida mía?
– Escucha, tío, cuando la gente es pequeña, a veces, nos vamos dormir a la cama de nuestro padre,
y al día siguiente nos despertamos en nuestra propia cama.
(Recordé a mis hijas, en la época en que eran niñas de 6 y 2 años, con ellas yo hacía exactamente igual)
– Un día yo me dormiré y mi Padre vendrá a buscarme.
Me despertaré en la casa de Él, ¡en mi verdadera vida!
Me quedé estupefacto, no sabía qué decir.
Me impactó la madurez, el sufrimiento había acelerado la visión y la espiritualidad de aquella niña.
– Y mi madre me recordará con nostalgia – añadió ella.
Emocionado, conteniendo una lágrima y un sollozo, le pregunté:
– ¿Y qué significa la nostalgia para ti, querida mía?
– ¡La nostalgia es el amor que permanece!
Mi angelito ya se fue hace muchos años.
Pero me dejó una gran lección que ayudó a mejorar mi vida, a intentar ser más humano y cariñoso con mis pacientes, a revisar mis valores.
Cuando la noche llega, si el cielo está limpio y veo una estrella, para mí es “mi ángel “, que brilla y resplandece en el cielo.
Imagino que ella es una estrella fulgurante en su nueva y eterna casa.
Gracias angelito, por la vida bonita que tuve, por las lecciones que me enseñaste, por la ayuda que me diste.
¡Qué bueno que existe la nostalgia!
El amor que queda es eterno.

El sentido de tu vida

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El sentido de tu vida =
Lo que haces bien +
lo que te gusta hacer +
lo que te pagan por hacer +
lo que haces por los demás
El sentido de tu vida = Pasión + profesión + vocación + misión
  • Pasión: Lo que haces bien + lo que te gusta hacer
  • Profesión: Lo que haces bien + lo que te pagan por hacer
  • Vocación: Lo que te pagan + lo que haces por los demás
  • Misión: Lo que haces por los demás + lo que te gusta hacer
Puedes tener satisfacción en tu trabajo pero sentirte poco útil
Te falta hacer algo por los demás
Puedes estar contento y satisfecho pero no tener suficientes ingresos
Te falta hacer algo por lo que te paguen bien
Puedes estar confortable, pero vacío
Te falta hacer algo que te guste y ayude a los demás
Puedes estar entusiasmado y complacido pero insatisfecho
Te falta hacer algo en lo que seas bueno y te guste

La inteligencia

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La inteligencia, sin amor, te hace perverso. 
La justicia, sin amor, te hace implacable. 
La diplomacia, sin amor, te hace hipócrita. 
El éxito, sin amor, te hace arrogante. 
La riqueza, sin amor, te hace avaricioso. 
La docilidad, sin amor, te hace servil. 
La pobreza, sin amor, te hace orgulloso. 
La belleza, sin amor, te hace ridículo. 
La autoridad, sin amor, te hace tirano. 
El trabajo, sin amor, te hace esclavo. 

Un joven fue a visitar a un sabio

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Un joven fue a visitar a un sabio y le contó sobre las dudas que tenía acerca de sus sentimientos por su familia. 
El sabio lo escuchó, lo miró a los ojos y le dijo sólo una cosa:
«Ámala». 
Y luego se calló. 
El muchacho dijo: Pero, todavía tengo dudas.
Ámala, le dijo de nuevo el sabio. 
Y, ante el desconsuelo del joven, después de un breve silencio, le dijo lo siguiente: 
Hijo, amar es una decisión, no un sentimiento. 
Amar es dedicación y entrega. 
Amar es un verbo y el fruto de esa acción es el amor. 
El Amor es un ejercicio de jardinería. 
Arranca lo que hace mal, prepara el terreno, siembra, se paciente, riega y cuida. 
Preparate porque habrá plagas, sequías o excesos de lluvias, pero no por eso abandones tu jardín. 
Ama, es decir, acepta, valoriza, respeta, da afecto, ternura, admira y comprende. 
Simplemente, AMA. 

Yo me hago cargo

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Yo me hago cargo de lo que digo, no de lo que tu entiendes.
Yo me hago cargo de lo que escribo, no de lo que tu lees.
Yo me hago cargo de lo que hago, no de lo que tu percibes.
Yo me hago cargo de lo que soy, no de lo que tu crees que soy.
Yo me hago cargo de mis emociones, no de tus reacciones.
Yo me responsabilizo de mi vida, hazte cargo de la tuya.

LA RECOMPENSA DE DIOS POR UNA SABIA ADMINISTRACIÓN DEL DINERO

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El dinero es prueba amarga de tu fidelidad.
Dios lo usa para probar tu fe.
Mira las recompensas que Dios nos da por un sabio manejo del dinero.
Su señor le respondió: ¡Hiciste bien, siervo bueno y fiel!
En lo poco has sido fiel, te pondré a cargo de mucho más.
¡Ven a compartir la felicidad de tu señor!.
Dios te recompensará por el buen manejo del dinero.
Dios te afirma diciendo, ¡Buen trabajo!
Te estaba probando para ver si eras de confiar con lo que te di, y pasaste la prueba.
¡Hiciste bien, siervo bueno y fiel!
Como has mostrado fidelidad con pocas cosas, Dios te dará una responsabilidad mayor.
Mientras muestras responsabilidad, Dios celebrará contigo.
¡Compartirás la felicidad de Dios!

FAMILIA, LUGAR DE PERDÓN

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No hay familia perfecta.
No tenemos padres perfectos, no somos perfectos, no nos casamos con una persona perfecta, ni tenemos hijos perfectos. 
Tenemos quejas de los demás. 
Decepcionamos unos a otros. 
Por eso, no hay matrimonio sano ni familia sana sin el ejercicio del perdón. 
El perdón es vital para nuestra salud emocional y la supervivencia espiritual. 
Sin perdón la familia se convierte en una arena de conflictos y un reducto de penas.
Sin perdón la familia se enferma.
El perdón es la asepsia del alma, la limpieza de la mente y la alegria del corazón.
Quien no perdona no tiene paz en el alma ni comunión con Dios.
La pena es un veneno que intoxica y mata.
Guardar el dolor en el corazón es un gesto autodestructivo.
El que no perdona se enferma física, emocional y espiritualmente.
Y por eso la familia necesita ser lugar de vida y no de muerte.
El territorio de cura y no de enfermedad.
El escenario de perdón y no la culpa.
El perdón trae alegría donde la pena produjo tristeza.

Cuida tu lenguaje, se hace realidad

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Cuida tu lenguaje, se hace realidad:
No digas: No puedo comprarlo.
Mejor di: ¿Como podría comprarlo?
No digas: El dinero es la raiz de todos los males.
Mejor di: La falta de dinero es la raiz de todos los males.
No digas: Estudio duro para encontrar una buena empresa en la cual trabajar.
Mejor di: Estudio duro para encontrar una buena empresa que pueda comprar.
No digas: La razón por la que no soy rico es porque tengo a mis hijos.
Mejor di: La razon por la que debo ser rico es porque tengo hijos.
No digas: En los negocios juego a lo seguro y no tomo riesgos.
Mejor di: En los negocios aprendo a manejar el riesgo a mi favor.
No digas: Primero recibire y luego dare.
Mejor di: Primero doy y luego recibiré.

La vida da sorpresas

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La vida da sorpresas y la pasión se enciende, es involuntario, por ello se necesitan de grandes virtudes y habilidades para no ofendernos, para no contraatacar y sobre todo para tener empatía y comprender las razones por las cuales nos ofenden, se requiere de  una buena dosis de:
Temple.
Paciencia.
Prudencia.
Autocontrol.
Voluntad.
Moderación.
Sobriedad.
Madurez.
Empatía.
Amor.

Sin nada

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Venimos al mundo sin nada.
Nuestros padres nos dan al inicio.
Despues nos dan nuestros amigos, maestros, clientes, proveedores, gobierno, empleados, jefes y todas las personas con las que interactuamos.
Todos nos dan bienes y servicios.
Gracias a todos ellos disfrutamos y gozamos de algo en la vida.
Al final nos vamos como venimos, sin nada.

En la vida

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En la vida ni se gana ni se pierde, ni se fracasa, ni se triunfa.
En la vida se aprende, se crece, se descubre; se escribe, se borra y se reescribe otra vez, se hila, se deshila y se vuelve a hilar.
El día que comprendí que lo único que me voy a llevar es lo que viva, empecé a vivir lo que me quiero llevar.

Decir la verdad

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SEÑOR, ayúdame a decir la verdad delante de los fuertes
y a no decir mentiras para ganarme el aplauso de los débiles.
Si me das fortuna, no me quites la razón.
Si me das éxito, no me quites la humildad.
Si me das humildad, no me quites la dignidad.
Ayúdame siempre a ver la otra cara de la medalla,
no me dejes inculpar de traición a los demás por no pensar igual que yo.
Enséñame a querer a la gente como a ti mismo y a no juzgarme como a los demás.
No me dejes caer en el orgullo si triunfo, ni en la desesperación si fracaso.
Mas bien, recuérdame que el fracaso es la experiencia que precede al triunfo.