En nuestras manos está la maravillosa posibilidad de elegir la clase de vida que queremos vivir.

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Hay dos clases de silencio: uno que asfixia y ahoga, otro que oxigena, equilibra y armoniza…
Hay dos clases de cansancio: uno tedioso y estéril, otro lleno de sentido, rico y fecundo…
Hay dos clases de soledad: una que hasta “acompañada” destruye,  otra que «sola o  acompañada», edifica,  plenifica y ¡revive!…
Hay dos clases de trabajo: uno que esclaviza y mutila, otro que vivifica, ilumina y libera…
Hay dos clases de risa: una que ofende y agrede, otra que alegra, entusiasma y reanima…
Hay dos clases de mirada: una que degrada y mutila, otra que enaltece, reconforta  y sublima…
Hay dos clases de relaciones: unas que aniquilan y envilecen, otras que logran el ‘milagro’ de hacer surgir lo mejor de nosotros mismos…

…¡En fin!, en la vida hay «dos clases» de todo o de casi todo y cada uno de nosotros, desde el fondo de nuestros corazones, sabemos con qué ‘clase’ de realidad decidimos Vivir.…

La vida no se nos da ‘de una vez’ y para siempre…  La vida se nos da cada día, cada minuto, ‘cada instante’…

¡En nuestras manos está la maravillosa posibilidad de elegir la «clase» de vida que queremos vivir…!

El maestro verdadero es el que alienta y estimula.

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El maestro verdadero es el que alienta y estimula:

• La posibilidad de ser diferente.
• El deseo de explorar lo desconocido.
• El valor de valores y opiniones.
• Las ganas de soñar otros mundos.
• La resiliencia al errar.
• El autoconocimiento.
• La lucha por la libertad.
• El derecho a la felicidad.
• La búsqueda de la belleza.