Voy a seguir creyendo, aún cuando la gente pierda la esperanza.

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Voy a seguir creyendo, aún cuando la gente pierda la esperanza.
Voy a seguir dando amor, aunque otros siembren odio.
Voy a seguir construyendo, aún cuando otros destruyan.
Voy a seguir hablando de paz, aún en medio de una guerra.
Voy a seguir iluminando, aún en medio de la oscuridad.
Y seguiré sembrando, aunque otros pisen la cosecha.
Y seguiré gritando, aún cuando otros callen.
Y dibujaré sonrisas, en rostros con lágrimas.
Y transmitiré alivio, cuando vea dolor.
Y regalaré motivos de alegría donde solo haya tristezas.
Invitaré a caminar al que decidió quedarse. y levantaré en brazos, a los que se han rendido.
Porque en medio de la desolación, habrá un niño que nos mirará esperanzado.
Y aún en medio de una tormenta, por algún lado saldrá el sol.
Y en medio del desierto crecerá una planta.
Siempre habrá un pájaro que nos cante, un niño que nos sonría y una mariposa que nos brinde su belleza

Ocho pautas para perfeccionar el poder de observación.

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Las siguientes ocho pautas son particularmente útiles para perfeccionar el poder de observación:
1. Simplemente siéntate y ve lo que sucede:
Nuestra miopía espiritual a menudo nos hace mirar a lo lejos, en el espacio y en el tiempo. Abraza el momento, sin más ambiciones.
2. Saborea este momento como si fuera tu último aliento:
Puedes vivir solo un día a la vez, y nadie puede estar seguro de que se despertará a la mañana siguiente. Así que no pospongamos la felicidad. El mejor momento de tu vida es siempre este.
3. Evita las distracciones:
Un viejo proverbio japonés dice que un cazador que apunta a dos presas a la vez no matará a ninguna. Lo mismo sucede cuando intentamos seguir una conversación y leer un libro. Haz una cosa a la vez, como si fuera la cosa más importante del mundo.
Si lo haces de esa manera, sin duda lo será.
4. Libérate de todo lo que no es esencial:
Se puede reconocer a un viajero experto más por lo que deja en casa que por lo que lleva en su maleta.La vida es una aventura emocionante a través de la cual es mejor viajar liviano.Cuando te sientas sobrecargado, pregúntate: «¿Qué puedo dejar?».
5. Sé tu propio amigo:
En lugar de compararte con los demás y preocuparte por lo que piensan los demás, asume que eres único en el mundo. Vivirás toda la vida contigo mismo.
6. Celebra la imperfección:
Si ni siquiera la naturaleza en toda su complejidad, con todos sus nacimientos y muertes, es perfecta, entonces ¿por qué deberías serlo? Cada falla es una señal de que debes tomar un camino diferente.Cada defecto es una invitación a pulir un diamante. Si tienes la voluntad de mejorar, entonces es perfecto ser imperfecto.
7. Practica la compasión:
La empatía nos permite viajar hacia la situación del otro para comprenderlo. Cada persona actúa de acuerdo con el momento de crecimiento personal en el que se encuentra. Incluso cuando se comportan de manera odiosa, es lo mejor que pueden hacer con lo que tienen.
8. Deja atrás tus expectativas:
Hacer predicciones y esperar que sucedan ciertas cosas, es una forma garantizada de matar el momento. Da tu primer paso, ya, ahora. Y sigue avanzando.

El sembrador

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En los 1930s un joven viajero exploraba los Alpes Franceses. Llegó a una vasta extensión de tierra estéril. Estaba desolada. Era amenazante. Era horrible. Era el tipo de lugar del que uno sale huyendo de prisa.

 

Entonces, de repente, el joven viajero se detuvo sobre sus talones. En medio de este vasto desierto había un anciano encorvado. Sobre su espalda cargaba un saco de bellotas. En su mano había un trozo de tubo de hierro de metro y medio.

 

El hombre usaba el tubo de hierro para abrir agujeros en la tierra. Entonces, sacaba del saco que traía una bellota y la colocaba en el agujero. Luego, el anciano le dijo al viajero: «He sembrado más de 100,000 bellotas. Quizás tan sólo una décima parte de ellas crecerán». La esposa e hijo del anciano habían muerto, y ésta era la manera como él había decidido invertir sus últimos años. «Quiero hacer algo útil», dijo él.

 

Veinticinco años después, el ahora no tan joven viajero, regresó al mismo paraje desolado. Lo que vio lo sorprendió. No podía creer lo que veían sus propios ojos. La tierra estaba cubierta con un hermoso bosque de tres kilómetros de ancho y ocho de largo. Las aves cantaban y los animales jugaban y las flores silvestres perfumaban el ambiente.

 

El viajero se quedó contemplándolo, recordando la desolación que alguna vez estuviese en su lugar; un hermoso bosque de robles ahora se levantaba allí –sólo porque alguien se interesó.

 

Nunca te canses de sembrar. Lo que ahora parece que no germina, un día brotará. Quizá no lo veas tú, pero lo verán tus hijos o tus nietos, y tú sonreirás desde los cielos. La vida es un campo y tú eres el sembrador.

¿En qué te enfocas?

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Al inicio de una conferencia sobre estrés, el disertante colgó frente al público una gran hoja de papel blanco. Con un marcador negro dibujó luego una mancha irregular

«¿Qué ven aquí?», preguntó.

Uno tras otro, los presentes fueron contestando: «Una mancha negra».

«Eso supuse», dijo el orador. «Ninguno de ustedes se enfocó en la hoja blanca, aunque tiene una superficie mucho mayor. Precisamente de eso hablaremos esta noche».

¿Cuál es la conversación en la que te enfocas más asiduamente? , ¿en todo lo que tienes o en lo poco que te falta?, ¿en todo lo que sabes o en lo mucho que no dominas?, ¿en todo lo que puedes o en lo que te gustaría pero no te sale?

 

Depende cuál sea la conversación en la que te enfoques, será el estado de ánimo que estarás transitando.

 

«La emoción que sientes no existe por si sola sino por la explicación que tu le das». Y de acuerdo con el estado de ánimo que estés transitando, será la predisposición a la acción que tendrás. Y de acuerdo con tu manera de accionar los resultados que estarás obteniendo. ¿Qué, no te gustan los resultados? La clave es la conversación.

 

Veamos, piensa en tu situación, en la conversación que te separa de tus resultados. Piensa en tus mejores razones, en esas que estás seguro nadie puede dar vuelta y ahora te pido que leas lo siguiente:

 

Después de la primera prueba artística de Fred Astaire, el informe de  director de pruebas de la M.G .M. fechado en 1933, decía: «¡No sabe actuar!»

¿Qué te parece que hizo Fred Astaire después de semejante declaración?

Imagínalo por sus resultados.

 

Louis May Alocott, la autora de Mujercitas, era impulsada por su familia a conseguir trabajo como mucama o costurera. ¿Escuchó los juicios de su familia o lo que decía su conversación interna?

 

Beethoven tocaba mal el violín y su profesor consideraba que no tenía futuro como compositor. Como era sordo no pudo escuchar esta crítica, ¡qué suerte!

 

Los padres del famoso cantante Enrico Caruso querían que fuera ingeniero. Su profesor decía que no tenía voz y que no podía cantar. ¿Qué lo habrá motivado a seguir intentándolo?

 

Charles Darwin, padre de la teoría de la evolución abandonó la carrera médica mientras el padre le decía: «Lo único que te interesa es capturar ratas». ¿De qué otra manera hubiera podido entender su interés por las ratas?

 

El director de un diario despidió a Walt Disney por falta de ideas. Walt Disney quebró varias veces antes de construir Disneylandia.

¿Alguna vez pensaste que para concretar eso alguien antes tuvo que soñar en supergrande, casi te diría delirar conciente?

 

Albert Einstein no habló hasta los cuatro años y no leyó hasta los siete. Su maestra lo describió como mentalmente lento, insociable y encerrado siempre en sueños tontos.

 

¿Alguna vez alguien dijo que tus sueños son tontos?

 

Henry Ford fracasó y quebró cinco veces hasta que finalmente tuvo éxito. ¿Te parece que Ford pensó que era un fracasado o simplemente consideró a sus errores como espacios de aprendizaje?

 

Winston Churchill no aprobó sexto grado. Llegó a Primer Ministro recién a los sesenta y dos años, luego de una vida de derrotas y reveses e hizo sus mayores contribuciones cuando era un hombre mayor.

 

¿Todavía estas a tiempo?

 

Dieciocho editores rechazaron el cuento de Richard Bach Juan Salvador Gaviota, antes de que Macmillan lo publicara finalmente en 1970. Cinco años después había vendido más de siete millones de ejemplares solamente en los Estados Unidos.

 

¿No te pasa que a veces te das cuenta que los otros son los que se la pierden?

 

Después de haber leído esto, ¿todavía te parecen válidas tus explicaciones y tus razones para no alcanzar tus resultados?

 

«Una de las cosas más valiosas que he aprendido es que no siempre tengo que tener razón.»

JEFFREY B. SWARTZ.

 

¿En que te vas a enfocar? ¿Qué te puede llevar hacia los resultados extraordinarios?

 

«Tu puedes tener excusas o puedes tener resultados. Lamentablemente lo que no puedes tener son las dos cosas a la vez.»

No es lo que dicen los demás, tampoco tus circunstancias, sólo tu conversación.

 

Es tu hoja en blanco donde cada día puedes escribir lo que quieres y si lo que tienes escrito no te gusta, sabes que puedes dar vuelta la hoja.

 

«La persona que realmente quiere hacer algo encuentra la forma de hacerlo.

Los demás encuentran razones y excusas.»

 

El valor te pone en contacto con la conversación interna y te asiste a desarticular la manera que ella te frena. También te asiste abriéndote al aprendizaje para adecuarte a los cambios del contexto mientras amplías la interpretación que haces para ver las cosas de otra manera. Te posiciona para comprometerte con tus objetivos mientras planificas y accionas hacia las metas aprovechando tus recursos y tus talentos personales para transformar en oportunidades los problemas dándole más sentido a lo que haces.

 

¿Cuándo le vas a poner algo de valor a tu vida?

¿Cuándo quieres estar parado en tus sueños?

«Nadie que haya alcanzado el éxito lo ha hecho dando excusas