La crisis según Albert Einstein

5 (100%) 1 vote

“No pretendamos que las cosas cambien, si siempre hacemos lo mismo. La crisis es la mejor bendición que puede sucederle a personas y países, porque la crisis trae progresos. La creatividad nace de la angustia, como el día nace de la noche obscura. Es en la crisis que nace la inventiva, los descubrimientos y las grandes estrategias. Quien supera la crisis, se supera si mismo sin quedar `superado´.

Quien atribuye a la crisis sus fracasos y penurias, violenta su propio talento y respeta más a los problemas que a las soluciones. La verdadera crisis, es la crisis de la incompetencia. El inconveniente de las personas y los países es la pereza para encontrar las salidas y soluciones. Sin crisis no hay desafíos, sin desafíos la vida es una rutina, una lenta agonía. Sin crisis no hay méritos. Es en la crisis donde aflora lo mejor de cada uno, porque sin crisis todo viento es caricia. Hablar de crisis es promoverla, y callar en la crisis es exaltar el conformismo. En vez de esto, trabajemos duro. Acabemos de una vez con la única crisis amenazadora, que es la tragedia de no querer luchar por superarla”.

-Albert Einstein.

La verdad

Califica esta frase

La primera víctima en todo conflicto es la verdad, trátese de una guerra, un divorcio o un pleito en tribunales. Las partes involucradas quedan condenadas a envolverse en su propia versión, magnificando los puntos que les favorecen y minimizando o de plano ignorando los que resultan adversos o debilitan sus posiciones.

Encontrando la felicidad

Califica esta frase

Una dama bella y elegantemente vestida como señora, fue a ver a su psiquiatra diciendo que se sentía infeliz y que su vida estaba vacía y no tenía sentido.

El psiquiatra llamó a la anciana que limpiaba los pisos de la oficina y luego le dijo a la señora rica:

-«Voy a pedirle a María que te cuente cómo encontró la felicidad. Lo único que quiero es que la escuches».

Así que la anciana dejó su escoba, se sentó en una silla y contó su historia:

-«Bueno, mi esposo murió de malaria y tres meses después a mi hijo único lo mató un auto. No tenía a nadie, no me quedaba nada. No pude dormir, no pude comer, nunca le sonreí a alguien, incluso pensé en quitarme la vida. Una noche un gatito me siguió a casa desde el trabajo. De alguna manera sentí pena por ese gatito. Hacía frío afuera, así que decidí dejar entrar al gatito. Le compré un poco de leche, y el gatito limpió el plato. Entonces ronroneó y se frotó contra mi pierna y, por primera vez en meses, sonreí. Entonces me detuve a pensar, si ayudar a un gatito podía hacerme sonreír, tal vez haciendo algo por la gente podría hacerme feliz. Así que al día siguiente horneé unas galletas y las lleve a un vecino que estaba en cama enfermo. Todos los días trataba de hacer algo bueno por alguien. Me hizo tan feliz verlos felices. Hoy en día, no conozco a nadie que duerma y coma mejor que yo. He encontrado la felicidad, al dársela a los demás».

Cuando escuchó eso, la señora rica lloró. Tenía todo lo que el dinero podía comprar, pero había perdido las cosas que el dinero no puede comprar.

La belleza de la vida no depende de lo feliz que seas; sino de lo felices que otros pueden ser por ti.
La felicidad no es un destino, es un viaje.
La felicidad no es mañana, es ahora.
La felicidad no es una condición, es una decisión.
La felicidad es lo que eres, ¡no lo que tienes!